LA BELLEZA

•7 junio, 2012 • 30 comentarios

No busques la belleza en el rostro,
búscala en los sentimientos.

No busques la hermosura en el cuerpo,
búscala en el alma.

No busques en mi corazón desprecio
busca el amor puro y sincero
que yo te ofrezco.

No busques mi boca solo por besarla,
lee en ella y sabrás que te quiero.

No mires mis ojos solo por verlos
lee mi mirada y sabrás que te amo.

Y si un día nos enojamos por alguna razón
calla, no digas nada,
deja que el amor nos atraiga.

Quiero ser para tí como un puente sobre el río.

De este lado, tu hoy. Del otro lado, tu mañana.
Entre ambas orillas, el río de la vida: a veces
está calmo, a veces turbulento; algunas veces
traicionero, otras profundo y barroso.

Es necesario atravesarlo.
No soy Dios ni pretendo jugar a Dios.

Sólo Él puede llevarte con seguridad a la otra orilla.
Pero sí quiero ser el puente que haga más fácil tu
trayecto.

Si tienes miedo, pasa sobre mis hombros.

Si no quieres correr riesgos, usa mis hombros.
Si encuentras que no conviene pasar solo, usa mis hombros.

Si me balanceo, no tengas miedo.

Dios me colocó en tu camino para ayudarte a cruzar el río
de la vida. No vaciles en pisar solamente en mí. Y cuando
estés por llegar, si quieres, recógeme. Pero si me
entiendes bien, déjame en donde estoy: otros pasarán por mí
, como tu pasaste.

Pero quiero que continúes en tu caminar. Soy tu puente
para muchas travesías de la vida. Si me quieres, entonces,
puedes llamarme amigo.

Ten calma.
Ten calma, desacelera el ritmo de tu corazón silenciando
tu mente.

Afirma tu paso con la visión del futuro.
Encuentra la calma de las montañas.
Rompe la tensión de tus nervios y músculos con la dulce
música de los arroyos que viven en tu memoria.

Vive intensamente la paz del sueño.

Aprende a tomar vacaciones de un minuto, al detenerte a
mirar una flor, al conversar con un amigo, al contemplar
un amanecer o al leer algunas líneas de un buen libro.

Recuerda cada día la fábula de la liebre y la tortuga, para
que sepas que vivir más intenso no quiere decir vivir más
rápido y que la vida es más que aumentar la velocidad.

Voltea hacia las ramas del roble que florece y comprende
que creció grande y fuerte porque creció despacio y bien.

Ten calma, desacelera el paso y echa tus raíces en la buena
tierra de lo que realmente vale, para así crecer hacia las estrellas.

(Hellen Keller)

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UN SOLO PENSAMIENTO

•21 marzo, 2012 • 40 comentarios

Sobre mis cuadernos de escuela,
sobre el pupitre, sobre el roble,
sobre la nieve y en la arena
escribo tu nombre.

Sobre las páginas leídas,
sobre las páginas incólumes
-piedra, sangre, papel, ceniza-
escribo tu nombre.

En las imágenes doradas,
sobre los signos de la Corte,
sobre tizonas y corazas
escribo tu nombre.

Sobre el desierto y en la jungla,
sobre la infancia de las voces,
sobre la rama y en la gruta
escribo tu nombre.

Sobre el pan blanco de los días,
sobre el prodigio de la noche,
sobre la flor y las vendimias
escribo tu nombre.

Sobre los cielos que azulan
en los estanques -muertos soles-;
sobre los lagos -vivas lunas-
escribo tu nombre.

Sobre las colinas remotas,
en las alas de los gorriones,
sobre el molino de las sombras;
escribo tu nombre.

Sobre los hálitos del alba,
sobre la mar y sus galeones,
sobre la demente montaña,
escribo tu nombre.

Sobre el vellón de los espacios
y el estertor de los ciclones,
sobre el limo de los chubascos,
escribo tu nombre.

Sobre las formas cintilantes,
sobre la pátina del bronce,
sobre las físicas verdades,
escribo tu nombre.

Sobre las rutas desveladas
y las sendas sin horizonte,
sobre las mareas humanas,
escribo tu nombre.

Sobre la llama que fulgura,
Sobre la llama que se esconde,
sobre los techos que se juntan,
escribo tu nombre.

Sobre la fruta en dos partida
del espejo que me recoge;
en mi lecho -concha vacía-
escribo tu nombre.

Sobre mi can goloso y tierno
y en la oreja que atenta pone,
sobre su salto poco diestro,
escribo tu nombre.

Sobre la grada de mi puerta,
sobre la loza y los arcones,
sobre las ascuas de la leña,
escribo tu nombre.

Sobre la carne que se entrega,
en la faz del amigo noble,
sobre la mano que se estrecha,
escribo tu nombre.

Sobre el vitral de los secretos,
sobre las bocas ya sin voces,
sobre los más hondos silencios,
escribo tu nombre.

Sobre el albergue derruido,
sobre el escombro de mi torre,
sobre los muros de mi hastío
escribo tu nombre.

Sobre la ausencia sin deseos,
sobre mi soledad insomne,
sobre los lúgubres aleros,
escribo tu nombre.

Sobre la calma que retorna,
sobre los extintos pavores,
sobre el anhelo sin memoria,
escribo tu nombre.

Y en el poder de tu palabra
mi vida vuelve a comenzar:
he renacido a tu llamada
para invocarte:

LIBERTAD!!
Paul Éluard

Versión de Carlos López Narváez